domingo, 19 de noviembre de 2017

Florencia Migliore

Los aforismos son condensaciones de verdades

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Los aforismos son condensaciones de verdades contraídas en un núcleo poderoso y potente, como si a una flor se le sustrajera su perfume, son esencias vitales del discurso que nos permiten ver más allá de nuestro propio pensamiento o del pensamiento que heredamos.

Un aforismo, cuando es categórico, nos interpela, nos hace entrar en duda, en crisis con todo lo que dábamos por consabido, pero, al mismo tiempo, cuando la verdad es irrefutable, nos hace sentir que es tal cual como la describe el autor, que no cabe otra palabra, ni otra manera de decir las cosas.

También, en los aforismos, convive cierta antinomia, pareciera que precisa de los opuestos para espejar lo que en verdad se quiere decir, dejando así al lenguaje en un estado de transparencia. Por otra parte, casi nunca se vale de sinónimos si no de repeticiones para expresar mejor lo que busca decir el autor.

Tuve la suerte de entrar a los Aforismos de la mano de uno de los mejores exponentes del género, Alejandro Lanús, quien me amplió el universo del género aforístico y me encomendó leer a Emil Ciorán, a Pascal, a Lichtenberg y a su maestro, Antonio Pochia. Le estoy muy agradecida porque marcó, sin saberlo, mi visión poética del mundo y mi forma de pensar. 


Los Umbrales de Alejandro Lanús iluminaron mi camino durante mi juventud. Los descubrí en una muestra de arte, en la Patagonia, en Bariloche, en el año 2.010, a mis 16 años. Estos pequeños, pero a la vez inmensos aforismos -de este poeta que fue ponderado, entre otros, por María Kodama, Mario Benedetti, Rubén Vela, Horacio Ferrer y Antonio Requeni- iluminaron mi pensamiento cuando estaba plagada de interrogantes y de dudas del existir, consolidando mi oscilante mundo.

Aforismos




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